lunes, 17 de septiembre de 2007

Espacios naturales

Espacios naturales

“Para olvidarme de ti
voy a cultivar la tierra”
Violeta Parra

I

Los ojos
nos guardan dentro suyo
y así nace el recuerdo.
Quizás sea la causa de la imagen
que un ojo sepa, conozca su vacío.
Nunca sabemos
qué nos fuerza a mirar,
también la flor se abre para nada
para que vuelva la lluvia
y la marchite.
Todas las cosas caen
o pierden su vigor,
su perfección.
Con la tormenta
son dóciles los árboles,
se agitan temblorosos y los pájaros
regresan a sus nidos.
Después, al escampar
planean sobre el rumbo de la brisa
que dejó el aguacero.
No saben dónde van o tal vez sepan,
miran el cielo limpio y alzan vuelo
olvidados de haber visto el chaparrón,
las hojas arrastradas, los sapitos
saltando entre los charcos.
Lejos, alegremente
se encaminan hacia el arco de colores
al que no llegan nunca.


II

Su propio recipiente,
agua cayendo sobre agua
no pide más.
Sé que debo aprenderlo,
un comportamiento natural
crece y decrece, acepta
depender.
Todo declina
después del vértigo
radiante en primavera, el animal prepara
la cueva de su invierno,
la planta bebe el sol y lo almacena.
Dice, los grandes sufrimientos
se producen
por ignorar la decadencia.
Abro esta ventana y veo
el día más largo de la historia,
el sol en su aparente inmovilidad,
los jóvenes, los viejos.
Nada puede
imaginarse en otro estado.
Sé que debo aprender
del agua que se presta,
no sabe, no hay sentido en resistirse.


III

El fuego enlaza la ramita y desenlaza
el halo que se va, su cola tornasol al disiparse
o baja y prende en lo cercano.
Todo sigue su ritmo natural,
enlace y desenlace llegan juntos,
se van al mismo tiempo.
El fuego como el ojo
del huracán, observo,
es un centro que repta, se desplaza
y en su camino alumbra
lo que quema.
Crepita la madera murmurando
su queja y no obstante
acepta este momento, se despide.
Me dijo volveré, seré cenizas.
Vuela, se mete en la nariz
de mi gato que estornuda,
él sacude su trompa y en las ramas
los pájaros escuchan la advertencia,
revoloteo de plumas en huida
o escondite en el barro
de sus nidos.
Todo sigue su ritmo natural
la mezcla del azar, la biología
y una pequeña parte de intención
que no sirvió de nada.
El polvo dice es tan fácil caer.
Y todas las partículas son una
hablan al mismo tiempo
como un coro de grillos
que en la noche imitan el silencio.
No tengas miedo, dice, no hay temor
alguno en el amor por eso el fuego
bendice lo que quema, la lluvia lo que inunda.
Y todo sigue su ritmo natural.
No hay historia ni hay hechos,
oxígeno convertido en fuego
materia en aire puro
permanente desenlace y salvo
los sauces inclinados sobre el río,
nada llora.

1 comentario:

Maria Eugenia dijo...

Cómo adoro estos poemas! qué bueno encontrarlos acá, niña sabia. Por eso el fuego bendice lo que quema.